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Con la presencia del gobernador, el 13 de enero de 1874 se integró la nueva Junta Directiva de Estudios, la cual quedó integrada por el ingeniero en minas Manuel Castelazo (presidente de la Junta y director del Liceo), doctor Ramón Ponce de León (vicepresidente), ingeniero Luis G. Orozco (secretario), licenciado Jesús María Gaxiola (prosecretario) y doctor Mariano de la Cuesta (vocal honorario).

Convocadas las inscripciones el 15 de enero, para el 1 de marzo se habían inscrito un considerable número de alumnos, siendo el primero Rómulo Rico, natural de Chihuahua, de 15 años de edad, hijo de don José Rico y de doña Raquel López, y que en Culiacán tenía como tutor a don Filomeno Rodríguez, y vivía en la Casa de las Diligencias. Luego siguieron Leopoldo Estrada, Pedro García, Juan Vega, Francisco Solano, Luis Escobar, Alejandro Buelna, Ponciano Almada, Hermenegildo Ontiveros, Santiago Plascencia, Carlos Tellaeche, Ulpiano Rois, Teodoro Valdivieso, Joaquín Vega, Ramiro Gaxiola, Joaquín Medrano, Froylán Estrada, Ignacio L. Rocha, Jesús Bustamante, Guillermo de la Vega, Luis G. Tirado, Fernando Escudero, Ignacio L. Rocha, Pedro Izábal, Juan L. Portillo, Cornelio Bátiz, Francisco Inguanzo, Manuel Olague, José Avilés, Rafael Ibarra, Canuto Ibarra, Refugio Sotelo, Mariano Gómez, Jesús Salmón, Bibiano González, Juan Tapia, Manuel Ramos, Antonio Moncada, Manuel Gómez, Pedro Buelna, Antonio Félix, María de los Angeles Escudero, Teresa Ibarra, Micaela Herrán, Felícitas Herrán, Isabel Dorantes, Eligio Amador, Luis Cisneros, Julián Montijo, Adolfo Ibarra, Jorge Ibarra, Rosaura Urías, Natalia Sánchez, Carmen Sánchez, Amelia Padilla, etc.

Inaugurado el Liceo el 1 de marzo, cinco días después el plan de estudios del estado de Sinaloa lo convierte en Colegio Rosales, bajo la dirección del ingeniero Luis G. Orozco. De acuerdo con este plan de estudios en el Colegio se enseñaban, además de secundaria o preparatoria, las carreras profesionales de preceptor de primeras letras, tenedor de libros, corredor de números, agrimensor, agricultor, ingeniero mecánico, ingeniero civil, ensayador, metalurgista, apartador, ingeniero de minas, abogados, escribanos, flebotomianos, dentistas, partera, farmacéutico y médico. Sin embargo, en la práctica la mayoría de estas carreras no se establecieron.

El Internado

El 24 de mayo de 1877 el gobernador y comandante militar del estado, coronel Jesús Ramírez Terrón, establece en el Colegio el Internado para los estudios preparatorios. En el ordenamiento se especificó que el Estado sostendría diez becas de gracia, una para cada distrito, que se concedería al alumno de primaria más destacado de la demarcación. El internado perdurará hasta 1949 año en que pasará al control de la Escuela Normal de Sinaloa, al separarse ésta de la Universidad.

Los primeros títulos

El 29 de enero de 1875 el Colegio Rosales otorga su primer título, a José María Bernal, como preceptor de segunda clase de primeras letras. Bernal no estudió en el Colegio, sólo presentó examen tal y como lo mandataba la ley si alguien ya titulado quería dedicarse a la enseñanza en el estado, razón por la cual su nombre no aparece registrado en ningún libro de matrícula del Colegio.

El primer alumno egresado de las aulas del Colegio fue Teresa Ibarra, quien ingresó a la institución en 1874. Nativa de El Fuerte, Sinaloa, realizó su examen de preceptora de primeras letras el 8 de octubre de 1877 ante los sinodales ingeniero Mariano Martínez de Castro, doctor Ramón Ponce de León e ingeniero Luis G. Orozco; estuvieron en el acto los miembros de la Junta Directiva de Estudios del Estado, los alumnos del Colegio, el gobernador de la entidad, Francisco Cañedo, funcionarios de los gobiernos estatal y municipal, la Legislatura en pleno y las personalidades más importantes de la época.
La biblioteca

El 27 de marzo de 1873 la Legislatura del estado, presidida por Luis Castro Negrete, en su carácter de diputado presidente, y los diputados secretarios Francisco Gómez Flores y Carlos M. Escobar, aprobó la compra de 500 ejemplares del Curso Elemental de Geografía Universal de don Antonio García Cubas, para el Liceo Rosales y demás escuelas superiores de los distritos del estado. Ése fue, pues, el primer libro que se adquirió para la futura biblioteca del Colegio.

En noviembre de 1877, la Junta Directiva de Estudios acordó abrir en enero de 1878 una biblioteca pública en el Colegio Rosales, formada con los libros personales de los catedráticos. El gobierno participó inicialmente obsequiando algunos folletos e impresos que existían en el archivo de la Secretaría particular.

En ese mes -enero- apareció una convocatoria de la Junta Directiva, en la que solicitaban la colaboración de "las sociedades científicas, de los escritores públicos y de las personas amantes de los progresos de la instrucción" para que donaran algunos libros y publicaciones.

En diciembre de ese año, al retornar el gobernador Eustaquio Buelna de la visita que hiciera al sur del estado con motivo de la hambruna desatada, entrega al Colegio Rosales más de 70 libros de temas diversos, entre los que se destacan algunos de matemáticas, lógica, contabilidad, historia general y de dibujo natural, de paisaje y máquinas.

Años más tarde, el 7 de mayo de 1885, fue creada oficialmente mediante el decreto 44, mismo que fue publicado por el gobernador, Francisco Cañedo, el 13 de mayo. Dos meses después, el 18 de julio de 1885, el secretario de la Junta Directiva de Estudios, doctor Ramón Ponce de León, expidió el Reglamento de la biblioteca pública del Colegio Nacional Rosales.

En las prevenciones generales, el Reglamento especificaba que la Biblioteca estaría abierta todos los días de 9 a 12 del día y de 3 a 5 de la tarde; los domingos y los días de festividad nacional, de 10 a 12 del día.

Al bibliotecario se le asignó un sueldo de 240 pesos, empleo que fue otorgado por el rector, ingeniero Luis G. Orozco, al estudiante Celso Gaxiola.

Colegio Nacional Rosales

Durante algunos años, a partir del primer periodo de gobierno de Mariano Martínez de Castro (fue dos veces gobernador), la institución educativa se denominó Colegio Nacional Rosales, al adoptarse el plan de estudios vigente en el Distrito Federal, con el fin de que los estudiantes rosalinos que desearan continuar su carrera en la capital del país u otras entidades federativas, no fueran rechazados.

Escuela Normal Anexa

Con el objetivo de incrementar y profesionalizar la planta de maestros de educación primaria que requería el estado, el 11 de mayo de 1881 nace la Escuela de Preceptores Anexa al Colegio Rosales, tomando como base la carrera de preceptor de primeras letras, a la que concurrían alumnos becados por los ayuntamientos. Esta escuela se sostendrá hasta los años cuarenta, década en la que se separa para constituirse en la Escuela Normal de Sinaloa.

Tal vez en marzo o en los primeros días de abril de 1900, Carlos A. Ferrer, director del Instituto Sinaloense, en el puerto de Mazatlán, propuso a la Junta Directiva de Estudios la supresión de la Escuela Normal Anexa al Colegio Rosales, para que se le otorgara a su institución la organización de un curso normalista para profesores de instrucción primaria elemental, petición que fue rechazada por ser el Instituto un organismo privado que, por ese carácter, no garantizaba la permanencia de la Escuela Normal.

El Colegio Rosales en los ochenta

Por los años ochenta, el Colegio constaba de un director, un prefecto de estudios, un tesorero, un mayordomo, un médico, un bibliotecario, los preparadores, los alumnos y los sirvientes. Los alumnos eran de gracia, de municipalidad, pensionistas, semipensionistas y externos. Se estudiaban las carreras de preceptor de primeras letras, telegrafista, comerciante, profesor en ciencias, ingeniero topógrafo, ingeniero de minas, ingeniero civil, ingeniero mecánico, ensayador, abogado y notario público y farmacéutico.

Al director le estaba encomendada la observancia de las leyes, reglamentos e instrucciones concernientes al establecimiento. Ejercía su autoridad en todo lo relativo a la instrucción, administración y servicio interior, y dictaba por sí todo lo relativo al buen orden, régimen interior y disciplina de sus subalternos.

Cada año se otorgaban un premio, un accésit y una mención honorífica a los alumnos de la institución que habían obtenido las mejores calificaciones; y un premio de aplicación y buena conducta para alumnos internos y externos.

Durante muchos años las clases iniciaron el 15 de enero y terminaban el 15 de agosto del mismo año. Posteriormente, iniciaron en octubre de cada año, para concluir en julio del año siguiente.

Los edificios de la institución

Al llegar el Colegio a Culiacán en 1874 se estableció en las calles de Ángel Flores y Morelos, en una casa propiedad de la señora Manuela Fernández de Rojo; más tarde ocupó el edificio conocido como La Tercena, por la calle Rosales, local ocupado en la actualidad por la Procuraduría General de Justicia del Estado; en octubre de 1885 pasa al Mesón de San Carlos en una de las esquinas de las calles Jesús G. Andrade y Rafael Buelna. Finalmente, el 22 de abril de 1895 el gobierno adquirió para la institución un edificio que ocupaba un solar de 3,993 metros cuadrados, situado en el frente Sur de la Plazuela Rosales, muy cerca de la casa que habitaba el gobernador Francisco Cañedo. Construida su primera planta por el ingeniero Luis F. Molina, en los años cuarenta, en tiempos del rector Raúl Cervantes Ahumada se le agregó la segunda.

Ley de Instrucción Pública

El 13 de febrero de 1895 se aprobó el decreto 13, Ley de Instrucción Pública, en la que se establecía que la instrucción preparatoria se cursaría en cinco años y sería gratuita. La instrucción profesional también era gratuita y comprendía las carreras de ingeniero topógrafo e hidrógrafo, ensayador y apartador de metales, farmacéutico, abogado, notario y tenedor de libros, además de la carrera de profesor normalista. Para la administración del Colegio Rosales, la ley indicaba, un director, un prefecto superior que se encargaría a la vez de la secretaría y la tesorería, un prefecto segundo, un médico y un mayordomo. El director, los prefectos y los catedráticos eran nombrados por el gobernador del estado, quien determinaba los sueldos que a cada uno correspondían.

Los alumnos se dividían en internos y externos, dividiéndose los primeros en pensionistas, pensionados por el gobierno y pensionados por los municipios. Eran pensionistas los que vivían en el Colegio y pagaban una pensión; pensionados por el gobierno los que el gobernador designaba, y tenían los mismos derechos que los pensionistas; los pensionados por los municipios, eran los alumnos que los ayuntamientos elegían de sus escuelas primarias para que estudiaran la carrera de profesor de instrucción primaria. Los alumnos externos eran los que concurrían al Colegio a recibir su educación, la cual era gratuita; por la noche dormían en sus casas. Los alumnos supernumerarios, eran aquellos que concurrían a recibir una o más clases y que tenían que someterse a las disposiciones de la institución si querían obtener un título profesional.

La hazaña de Rafael Buelna Tenorio

El 6 de junio de 1909 muere el general Francisco Cañedo, gobernador del Estado. Ocho días más tarde, el licenciado Eriberto Zazueta, gobernador interino, convoca a elecciones para terminar el periodo de Cañedo, en un momento clave de los destinos políticos del país. El 11 de junio fueron postulados para contender por la gubernatura el rico terrateniente nativo de Culiacán Diego Redo, y José Ferrel, periodista de gran trayectoria democrática, radicado en la ciudad de México, pero cuyas raíces estaban fuertemente adheridas a Sinaloa por su labor como escritor en el periódico El Correo de la Tarde.

Fue una campaña violenta, pasional, en la que participó con entusiasmo la población entera; y también el Colegio Rosales. Rafael Buelna Tenorio, alumno de la institución y simpatizante de José Ferrel, al pasar el candidato Redo en comitiva por enfrente del Colegio, rompe los candados de las puertas de éste y sale en manifestación opositora por las calles de Culiacán, encabezando un grupo de estudiantes. Al día siguiente fue expulsado por el director, doctor Ruperto L. Paliza. Al estallar la Revolución mexicana, el Granito de Oro surgido de las vetas del ideal revolucionario, se convirtió en leyenda y en el símbolo de la rebeldía del estudiante rosalino.

En el Colegio Rosales el movimiento revolucionario no propició grandes cambios; los maestros siguieron siendo los mismos y los planes de estudios, también.

Catedráticos y Directores

Fueron catedráticos durante el Colegio Rosales: Lic. Jesús María Gaxiola, Ángel Urrea, Ing. Luis G. Orozco, Ing. Mariano Martínez de Castro, Ing. Enrique Amézcua, Ing. Jorge R. Douglas, Ing. Celso Gaxiola, Dr. Ramón Ponce de León, Epitacio Osuna, Dr. Ruperto L. Paliza, Tomás G. Pico, Antonio F. Rojo, Lic. Carlos López Portillo, Ing. Rómulo Rico, Lic. Evaristo Paredes, profesor Adolfo Romero, Lic. Luis G. Pacheco, Lic. Benigno Frías y Camacho, José C. Michel, Ing. Antonio Moreno, Lic. Manuel Domínguez Elizalde, Lic. Leopoldo Valencia, Ing. Francisco Sosa y Ávila, Lic. Jesús F. Uriarte, Lic. Francisco Malcampo, Lic. Ignacio M. Gastélum, Jacobo Guisado, Alfonso M. Zevada, Lic. Jacinto Castañeda, Lic. Francisco Gómez Flores, Lic. Guillermo Ramos Urrea, Manuel Marín, Juvencio Torrero, Ing. Luis F. Molina, Julio Serratos, Lic. Ignacio A. Sáis, Lic. José Blás Iguanzo, Antonio Canale, Henry Morten Müeller, Herlindo Elenes Gaxiola, Julio G. Arce, Eulogio S. Guerra, Santa Ana Almada, Lic. Francisco Sánchez Velázquez, Lic. Manuel A. Barrantes, Francisco G. Valenzuela, Ing. Norberto Domínguez, Leandro González, Julio González Aldama, Francisco Verdugo Fálquez, Lic. Antonio Murúa Martínez, Lic. José A. Meza, Julián Maldonado y Osuna, Lic. Alejandro Buelna, Lic. Luis Urrea Haas, Ing. Francisco Valdés, Hildefonso D. Velasco, profesor Francisco Rosas, Quintil Tenorio, Profr. Manuel Hernández Ramírez, Profr. Javier Tello de Meneses, Profr. Francisco Rosas, Lic. Arsenio Espinoza e Irízar, Profr. Gil M. Gutiérrez, Profr. Carlos Filio, Miguel U. Gómez, Gustavo Couret, Esteban Flores, Ing. Enrique Peña, Manuel M. Páez, Miguel N. Gómez, Juan L. Paliza, Dr. Bernardo J. Gastélum, Lic. José C. Castellot, Lic. Arsenio Espinoza, Profr. José Luis Valencia, Lic. Rosauro Rojo, Dr. Enrique González Martínez, Manuel Rivas, Ignacio López, Feliciano Flores, Profr. Canuto Jiménez González, Profr. Francisco Echeverría, Dr. Jesús Moncayo, Lic. José G. Heredia, Ing. Matías Ayala, Lic. Arsenio Espinoza, Ing. Eliseo Leyzaola, Profra. María de Jesús Neda, Profr. Francisco Pérez González, Profr. Alejandro Flores Ortiz, Profr. Canuto González, Luis G. García, Profr. Manuel Gutiérrez y Samuel Híjar.

Los directores fueron: Ing. Luis G. Orozco (1 de marzo de 1874-21 de enero de 1887), Ing. Francisco Sosa y Ávila (1 de febrero de 1887-15 de agosto de 1887), Epitacio Osuna (15 de agosto de 1887-7 ó 20 de octubre de 1888), Ing. Luis G. Orozco (7 ó 20 de octubre de 1888- 1893), Dr. Ruperto L. Paliza (1893-14 de octubre de 1911), Dr. Jesús Moncayo (14 de octubre de 1911- noviembre de 1914), Epitacio Osuna (noviembre de 1914-1 de diciembre de 1915), Dr. Bernardo J. Gastélum (1 de diciembre de 1915- 15 de julio de 1916), Juan Rafael Padilla (15 de julio de 1916-1916), Epitacio Osuna (1916-16 de octubre de 1917), Dr. Bernardo J. Gastélum (16 de octubre de 1917-31 de julio de 1918). Osuna nunca tuvo el nombramiento de director; se hizo cargo de la conducción del plantel en su carácter de prefecto o bien con el nombramiento de subdirector.

Don Epitacio Osuna en octubre de 1917 solicitó al gobernador del estado, Ing. Manuel Rodríguez, su jubilación mientras se desempeñaba como director, argumentando tener 60 años de edad, y estar cansado por sus más de 30 dedicados al servicio del Colegio en los cargos de catedrático, prefecto de estudio, secretario y director. El 12 de octubre de 1917, el mandatario estatal envía al Congreso del Estado una propuesta de decreto en la que se le concede a Osuna una pensión de retiro consistente en $5.00 diarios, tomando en consideración que el matemático ganaba en ese momento $10.75 diarios, no pensionándosele con igual cantidad debido a la dificil situación por la que atravesaba el erario estatal. El 26 de noviembre, la XXVII Legislatura emite el decreto correspondiente (número 15). Osuna es el más prestigiado matemático que ha pasado por las aulas de la Institución rosalina; el 31 de enero de 1872, el presidente de México don Benito Juárez le entregó un reconocimiento por su desempeño como estudiante en la Escuela Nacional de Artes y Oficios. Sin embargo, a pesar de haber sido jubilado continúo impartiendo clases.

Por otro lado, el más distinguido director de la institución fue el doctor Ruperto L. Paliza, quien duró 18 años al frente del Colegio. Nacido en la ciudad de México el 27 de marzo de 1857, realizó sus estudios primarios en la Escuela de la Reforma, que pertenecía a la Sociedad Lancasteriana de México. Gracias a sus altas calificaciones el presidente Benito Juárez le otorgó una beca para que continuara sus estudios. En enero de 1870 ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria, bajo la dirección de Gabino Barreda, para cursar el bachillerato de medicina. En 1875 ingresa a la Escuela Nacional de Medicina, facultad en la que el 10 de julio de 1880 recibe el título de Médico y Cirujano. Traido a Sinaloa por el gobernador Mariano Martínez de Castro, para que impulsara al Colegio Rosales, impartió las cátedras de física y nociones de mecánica, gramática española y general, cosmografía, geografía general y del país, historia general y patria, raíces griegas y latinas, química general, historia natural, lógica, psicología, moral y medicina legal. Durante su dirección creó el Observatorio Metereológico, el cual se convirtió en la Oficina Central de la Red Termo Pluviométrica del Estado. Tuvo varios cargos políticos durante el porfiriato, entre otros regidor del Ayuntamiento de Culiacán, diputado y magistrado del Supremo Tribunal de Justicia. Tras ser gobernador interino en dos ocasiones, después de la Revolución mexicana, en 1913 emigra a Hermosillo, Sonora, en donde muere el 23 de junio de 1939.