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En 1871 llega a la gubernatura de Sinaloa uno de los hombres más cultos de la tierra de los once ríos: el licenciado Eustaquio Buelna. Hombre de ideas liberales y amante del progreso de la educación del pueblo, el 27 de diciembre de 1872 decreta el nacimiento del Liceo Rosales (el nombre le viene del héroe de la Intervención francesa en Sinaloa, general Antonio Rosales, amigo de Buelna) para educación secundaria a fin de combatir la violencia que imperaba en el estado: Al terminar la educación primaria, los jóvenes de talento se encuentran sin medios para perfeccionar sus dotes intelectuales y con todos los caminos cerrados para procurarse una posición en la sociedad adecuada a sus aspiraciones, tienen que limitarse a aceptar el papel de escribientes de una oficina; o bien obedeciendo a sus instintos de superioridad se lanzan a una revolución, para alcanzar, por medio del trastorno de las condiciones sociales que la guerra trae consigo, el alto puesto en que se sienten llamados; se puede, pues, asegurar, que la falta de un sistema de educación, que se reparta proporcionalmente entre todas las clases, es la principal causa de nuestro atraso social, y el semillero más abundante de nuestras revoluciones. Buelna pensaba que socializando la educación terminarían en Sinaloa el atraso social y los levantamientos armados, se consolidarían las instituciones democráticas, y la industria y el comercio se desarrollarían, como consecuencia de un pueblo mejor educado. Según el decreto, el Liceo empezaría con un presupuesto de $5,840.00 y posteriormente se incrementaría según aumentara el número de cátedras. En los primeros meses de 1873 se integró la primera Junta Directiva de Estudios, cuyos cargos recayeron en el licenciado Francisco Gómez Flores (presidente), licenciado Jesús Betancourt (vicepresidente), doctor Domingo Valencia (secretario) y doctor Mariano Zúñiga (prosecretario). El licenciado Gómez Flores fue beneficiado con el nombramiento de rector honorario. Con el fin de obtener fondos para sostener la institución educativa, el vicegobernador, Ángel Urrea, decretó una ley que gravaba herencias, legados, instrumentos públicos, títulos y decretos de amparo de minas. El 2 de mayo se aprobó por mayoría de votos el nombramiento de los profesores ingeniero Luis G. Orozco (matemáticas y prefecto) y Honorato Díaz (inglés y teneduría de libros), y poco después el del doctor Ramón Ponce de León (física, química e historia natural). Inaugurado el 5 de mayo de 1873 por el gobernador, el vicegobernador, los miembros del congreso y demás autoridades, así como las autoridades más importantes del puerto de Mazatlán, el 2 de junio el rector inaugura las clases contando con la presencia de 16 alumnos, entre los que estaban Carlos Salazar, Ignacio Barraza, Antonio Neda, Federico Gómez Flores, Mateo Magaña, Manuel Gómez Flores, Carlos Ferrer y Crespo, Federico Pardo, Andrés Vasavilvaso, José Siordia e Ignacio Guerrero. Debido a la serie de problemas que el gobernador Buelna enfrentaba con los comerciantes del puerto de Mazatlán, el 20 de septiembre de 1873 el Congreso del Estado declara capital de la entidad a la ciudad de Culiacán, quedando así el gobierno fuera de las especulaciones extranjeras y con mayor libertad para dictar las medidas hacendarias que convinieran al fisco. Sin duda, el avance tecnológico de los medios de comunicación nos ha alcanzado. El Internet es hoy por hoy la llamada supercarrtera de la información. El fenómeno de la globalización irremediablemente ha llegado a nuestro entorno, por ello, como institución educativa debemos aceptar el reto que nuestro tiempo demanda. |